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Los humanos, las anomalías y todas las cosas comparten una verdad única y universal: el impulso de ser percibidos; como bandadas de aves que exhiben sus plumas, flores que desprenden aromas, ballenas que cantan en las profundidades… Pero más allá de eso, hay algo en nuestro interior, algo aún más propio de cada uno, que se expande desde el cuerpo y la mente, cruza las barreras más densas y los vacíos más profundos, y que no deja de probarle al universo nuestra existencia y nuestra singularidad.
"Algo como… una 'frecuencia', solo que afinada de otra manera".
Cuando Linko fue a registrar su habilidad esper, casi todos los que la atendieron terminaron más confundidos que al principio. Nada de lo que esta chica les describía podía comprobarse con ningún dispositivo ni teoría, y aun así, todos declararon en algún momento que podían sentir claramente —aunque fuera por un instante— cómo una conexión se establecía con ellos, como si resonaran en la misma frecuencia que otra cosa… Hasta que Linko dijo algo que no debía, con esa voz suya inocente, amable y apenas compasiva, y entonces se apresuraron a ponerse de nuevo la máscara de adultos responsables.
"El trabajo es muy duro, ¿no…? ¿Por qué no renuncias?"
"¡Cof, cof! No, no puedo. Y ni siquiera estaba pensando en eso. Siguiente pregunta".
En los primeros días posteriores al despertar de su habilidad esper, Linko solía terminar mareada después de sincronizarse con tantas frecuencias. Eso hacía que el ruido que navegaba en su mente se disparara inconscientemente hacia afuera, perturbando los equipamientos y a las personas a su alrededor. Por esa razón, la Agencia de Control diseñó un dispositivo especialmente para ella, para que al montárselo en la cabeza pudiera ayudarla a bloquear interferencias y a concentrarse. A la mayoría de las personas de su edad tal vez les habría intimidado un poco su diseño, pero a Linko le encantó. Después del despertar de su habilidad, las cosas que le gustaban —y las razones por las que le gustaban o se sentía atraída por ellas— se volvieron aún más difíciles de entender para los demás, lo que dificultó todavía más sus posibilidades de encajar. Por suerte, para una solitaria como Linko, "no ser entendida" nunca fue un problema.
A pesar de ello, un accidente de hace mucho tiempo terminó dándole una nueva compañera; su acto de valentía le trajo una nueva responsabilidad. Tras enfrentarse al sombrío y silencioso capitán de la DTE-6, Linko recibió la aprobación para convertirse en garante de la anomalía Xiaozhen y, por medio de una excepción especial, fue incorporada a la DTE-6 como su miembro más joven. La decisión de Exe fue más que acertada: la habilidad esper de Linko le facilitó enormemente a la DTE-6 rastrear y capturar a los criminales relacionados con las anomalías. Ya fueran las frecuencias las que realmente la guiaban, o simplemente el universo que la ponía en el camino correcto, la extraña intuición de Linko resultó vital para resolver casos importantes. Aun así, incluso después de un año en la DTE, muchos todavía no pueden evitar preocuparse por su forma tan disparatada de hacer las cosas.
"…Eh, Linko, ¿no nos alejamos demasiado del grupo principal?"
"No te preocupes. El grupo principal es el que está perdido. ¡Confía en mi intuición!"
Historia de amor en Hethereau
"Mi mamá y mi papá son espers".
La primera vez que Linko habló de su familia, casi mata del susto al archivista de la Agencia de Control, porque ya lo habían comprobado: sus padres eran perfectamente normales… o al menos, en Hethereau, personas normales sin poderes de esper.
Pero luego explicó que la "habilidad esper de papá es quedarse perfectamente quieto viendo más de una docena de películas seguidas", y que la "habilidad esper de mamá es caminar más de una docena de cuadras sin parar", así que todos soltaron un suspiro de alivio. No tardaron en empezar a chismosear sobre cómo dos personas tan increíbles habían terminado juntas.
La madre de Linko era una bloguera de exploración urbana: una mujer incansable y llena de energía que creía en fantasmas, leyendas urbanas, ovnis, aliens y casi cualquier otra cosa paranormal que te puedas imaginar. Todos los días revisaba foros en busca de pistas, y en cuanto pensaba: "¡Este sí podría ser real!", salía a investigar… Claro que, la mayoría de las veces, su impulsividad hacía que cayera en publicaciones poco fiables y acabara con las manos vacías, pero nunca dejaba que eso la desanimara. Con el tiempo, terminó encontrando un sitio legítimo pero espeluznante… y acto seguido, cayó en un Reino Anómalo. Allí conoció a otra alma desafortunada: un cinéfilo obsesionado con las películas sobrenaturales, atascado en un bloqueo creativo, que se había encerrado durante días para buscar nuevas ideas hasta que decidió usar ese lugar para filmar su nuevo proyecto.
Y así comenzó una historia de amor muy al estilo de Hethereau. Dos jóvenes con personalidades completamente opuestas se encontraron en el Reino Anómalo. Al principio no se soportaban, pero después de ayudarse entre sí, quedarse juntos, escapar del peligro lado a lado, y pensar uno en el otro, finalmente, la siguiente vez que se cruzaron, confesaron sus sentimientos. Linko ha escuchado esa historia de ambas partes muchísimas veces, junto con un montón de versiones contradictorias, pero lo único que nunca cambió fue la adoración constante entre ellos.
Después de que naciera Linko, esos dos jóvenes padres de Hethereau volcaron todo su amor en ella, por lo que también heredó las rarezas de los dos. La primera vez que su hija gateó hasta el dormitorio con un chupete en la boca, su papá compartió generosamente con ella uno de sus hallazgos más preciados: sus películas sobrenaturales cuidadosamente editadas para que fueran aptas para su edad… Y así, antes de que pudiera dejar el biberón, Linko ya veía películas de terror con su padre sin pestañear. Poco después de que aprendiera a caminar, su mamá la sacaba a practicar, solo para distraerse con alguna tienda en la que nunca había entrado y, de algún modo, terminaban recorriendo toda la cuadra de arriba abajo viendo vitrinas… Por raro que suene todo esto, cada vez que Linko habla de su mamá y su papá, en su rostro se dibuja la misma sonrisa feliz de ellos.
En fin, la pequeña Linko creció rodeada de amor.
La primera conexión
Las habilidades esper de Linko despertaron cuando apenas tenía siete años.
Era una noche completamente normal. La madre de Linko la había llevado a dar una vuelta por el supermercado para comprar bocadillos y adornos para las fiestas. Iba detrás de su madre, pero su mirada se desvió hacia una tienda peculiar al otro lado de la calle. Cuando volvió en sí, su madre había desaparecido por completo. La multitud también se había ido, junto con el ruido de alrededor, dejándola sola en un centro comercial vacío. En ese entonces, era demasiado pequeña para entender qué era un Reino Anómalo. Al principio, Linko solo quería escapar de aquel extraño laberinto para encontrar a su madre. Pero el espacio parecía infinito. Linko la llamaba con una vocecita débil, llorando y gritando, sin tener idea de a dónde ir. Horas después, agotada, cayó al suelo, casi sin nada más que una súplica en los labios…
"Si tan solo pudiera encontrar a mamá y papá".
Como si respondieran a ese deseo, de repente, innumerables "voces" estruendosas llegaron desde el más allá, inundaron el centro comercial vacío y giraron hacia adentro como un vórtice, abriéndose paso a la fuerza dentro de su cabeza. Voces confusas, cautelosas, inseguras, preocupadas, solitarias, sirenas, el ladrido de los perros, cantos, respiraciones entrecortadas y… la voz de su madre.
Impulsado por el instinto, su joven cuerpo agotado volvió a ponerse de pie. Entre los incontables hilos invisibles de sonidos, siguió el más cálido, el más familiar, y continuó adelante.
Un poco más. Solo falta un poco más.
Las "voces" sonaban cada vez más fuertes, y más y más ruidos resonaban en su cabeza. Ya no podía pensar con claridad. Solo podía seguir caminando…
Linko apenas recordaba cómo había escapado. Solo sabía que, cuando volvió a abrir los ojos, sus padres, con lágrimas en sus ojos, la abrazaban con fuerza, mientras los desconocidos uniformados que estaban cerca suspiraban aliviados.
Más tarde, Linko supo que, después de ser arrastrada a un Reino Anómalo, la Agencia de Control había enviado a las Unidades de Contención para intervenir y rescatarla. Lo que no sabía era que, en cuanto el personal de búsqueda confirmó la salida, todos los presentes sintieron de pronto como si estuvieran oyendo un alboroto caótico e imaginario. Las comunicaciones electrónicas se interrumpieron por un momento, y algunos incluso afirmaron ver doble, o escuchar la misma voz desde varias direcciones. El incidente en sí interrumpió gravemente la operación de rescate. La Agencia de Control incluso llegó a sospechar que todo se debía a las maquinaciones de un esper, y estaba lista para enviar a la DTE a investigar. Pero entonces, de repente, Linko salió del Reino Anómalo por su cuenta. En el instante en que oyó el llamado de su madre, se quedó inmóvil, y el ruido que perturbaba a todos los presentes se detuvo de inmediato. Los miembros de la Agencia de Control se miraron entre sí.
"La ciudadana atrapada está a salvo y fue rescatada. Sospechamos que la víctima es una esper. En cuanto a la anomalía objetivo… Anulación confirmada".
Amistades
Al principio, Linko buscó amigos desesperadamente.
Las bandadas de palomas al amanecer, los cometas a medianoche, los patos junto al río, las conchas en la playa, la tiendita interesante que había encontrado su madre, el juego nuevo que le recomendó su padre, y todas esas incontables frecuencias que se colaban en su cabecita desde el más allá… Linko quería un amigo de verdad a quien contarle todo aquello.
Pero siempre estaba sola. Quizás por sus padres, Linko era más abierta y curiosa que los niños de su edad. Ya fueran anomalías, insectos, historias de fantasmas o leyendas urbanas, Linko siempre estaba llena de curiosidad. Después de que su habilidad esper despertara, su capacidad para sentir frecuencias hizo que percibiera el mundo que la rodeaba de una forma distinta de la de todos los demás. Por eso le costaba muchísimo hacer amigos. Incluso cuando se unía a las actividades grupales después de clases, era común verla en un rincón en silencio.
"Todos tienen su propio canal. Si intento sintonizar primero su frecuencia… ¿podría hacerme amiga de ellos?"
Después de que su habilidad esper despertara, Linko podía recibir y distinguir las frecuencias de otras personas. Si pasaba un tiempo sintonizándose con la misma frecuencia de otra persona, podía empezar a sentir sus emociones… Si eso ocurría, podría seguir prestando atención a sus sentimientos y descubrir poco a poco qué podría hacerla feliz. O al menos, eso pensaba Linko.
Así, la niña solitaria empezó a acercarse a otros niños de su edad. Aunque al principio se mostraba un poco rígida y torpe, con el tiempo empezó a funcionar. Por fin, aunque solo fuera la callada del grupo y siempre anduviera pisándole los talones a los demás, había encontrado a los "amigos" que tanto deseaba.
En fin, eso era lo que ella creía antes de la divergencia.
Divergencia
Los humanos y las anomalías no pueden comprender de verdad los sentimientos del otro. O mejor dicho, un humano no puede comprender a una anomalía.
Un día, un grupo de niños aburridos encontró a un esponjosito solitario entre la hierba. Al niño que iba adelante se le ocurrió una gran idea: quería ver cómo se vería el esponjosito después de transformarse, y los demás aceptaron enseguida. Lo trataron como a un juguete, y sus empujones y burlas poco a poco se convirtieron en acoso. Existe una división natural entre los humanos y las anomalías; por eso, es normal que los niños no sientan empatía por una anomalía. Linko se quedó allí en silencio, sin saber qué decir. Pero, poco a poco, empezó a captar la frecuencia del esponjosito, que pasaba del dolor y la confusión a la rabia.
"¡P-paren! Está... muy triste, y si siguen... se pondrá peligroso..."
Por primera vez en su vida, Linko les gritó a sus "amigos".
Pero lo que vino después, fuera la frecuencia que sintió o las voces que oyó, le heló la sangre.
"Es solo una anomalía. ¿Por qué quieres parecer una santa...?"
"Parece que te importa mucho lo que siente, ¿pero te detuviste a pensar cómo nos sentimos nosotros?"
"Qué aguafiestas tan rara..."
Más que dolor, lo que llenó el corazón de Linko fue decepción. Linko y el esponjosito se quedaron sentados sobre la hierba, en silencio, durante mucho, mucho tiempo.
¿Las personas limitadas por el sentido común o los prejuicios realmente se entienden entre sí? ¿De verdad pueden entenderse? Tal vez "encajar" no sea más que una ilusión; las personas prisioneras de sus juicios nunca pueden entenderse entre sí de verdad, y todos sus esfuerzos por encajar solo terminan en un tira y afloja sin sentido.
"Todos vivimos en nuestras propias frecuencias, enviando señales al universo que nunca reciben respuesta".
Esa noche, Linko escribió en su diario.
Los humanos tampoco pueden entenderse entre sí. Una persona nunca puede comprender de verdad lo que siente otra.
Como estrellas en el cielo nocturno, como islas en el mar, mirándose unas a otras a través de un abismo…
Linko ya no quería tener amigos.
Maestra Tamachi
Cuando Linko tenía diez años, solía seguir frecuencias y recorrer sola toda la ciudad. Captar frecuencias desconocidas y explorar a donde la guiaban se convirtió en su forma privada y feliz de pasar el tiempo. Aunque sus aventuras solo la llevaban a descubrir pequeñas cosas extrañas, y una que otra anomalía peligrosa, Linko nunca se cansaba de hacerlo.
Una tarde, Linko percibió una frecuencia cálida y acogedora, rebosante de vida. Siguió su dirección, atravesó calles y callejones, dobló varias esquinas e incluso trepó a un árbol enorme, siempre guiada por aquella frecuencia.
Pero con su pequeño cuerpo, y aquel tronco inmenso, terminó sin fuerzas a mitad de camino. Atrapada allí, sin poder ir a ninguna parte, solo pudo encogerse y pensar en cómo salir de esa situación. De pronto, una chica con uniforme de la Academia Clement saltó desde una rama más alta y la ayudó a bajar, mientras le decía: "¿En qué estabas pensando? ¿Por qué trepaste sola un árbol tan alto?"
"Estoy jugando Tamachi GO. Pensé que podría atrapar un Tamachi raro en el árbol, pero al final… ¡solo te atrapé a ti! Ven, déjame enseñarte mi Índice de Tamachis…"
"¿Eh? ¡Ese sí es un Tamachi raro! ¡Debes ser una experta en esto!"
La chica emanaba una frecuencia dulce y amable. Como un girasol bajo el sol. Linko se llenó de luz.
Desde ese día, Linko empezó a explorar toda la ciudad con su nueva hermana mayor y también a completar su propio Índice de Tamachis. Siempre buscaba Tamachis guiándose solo por su instinto. Aunque eso la metía en bastantes problemas de vez en cuando, la alegría de cazar Tamachis lo superaba todo. Aun así, su Índice de Tamachis nunca alcanzaba del todo a la colección de su hermana.
Dos años después, su hermana comenzó a estar muy ocupada por sus estudios y le entregó a Linko su querida consola y sus notas escritas a mano, con el pedido de que heredara su Índice de Tamachis y se convirtiera en Maestra Tamachi por las dos.
"Linko, eres la mejor guía de todo Hethereau. Cree en ti misma: ¡tu camino siempre va en la dirección correcta!"
Eso fue lo que su hermana le dijo la última vez que se vieron.
Después de eso, Linko siguió explorando la ciudad, metiéndose en cada rincón posible para atrapar Tamachis. Seguía perdiéndose a menudo, pero al final siempre encontraba el camino de vuelta a casa. Cada vez que atrapaba un Tamachi nuevo, comparaba su Índice de Tamachis con el de su hermana, solo para descubrir que ella ya lo tenía en su colección. Pero esto no desanimó a Linko. Simplemente siguió buscando, convencida de que algún día su Índice de Tamachis alcanzaría al de su hermana, e incluso lo superaría.
Pero desde entonces, cada vez que atrapaba un Tamachi, nunca volvió a sentir aquella misma frecuencia cálida y llena de vida.
"Así que el origen de esa frecuencia siempre fue mi hermana…"
Encuentro fantasmal
Después de empezar la secundaria, Linko seguía paseando a menudo por Hethereau, guiada por toda clase de frecuencias extrañas. Un día, entró por la puerta trasera de un edificio y, por accidente, acabó en un Reino Anómalo. Era una habitación con las paredes cubiertas de televisores viejos; la mayoría tenía la pantalla rota y ya no encendía. Siguiendo una frecuencia débil pero cálida, buscó entre el montón de televisores viejos y maltratados hasta encontrar uno muy, muy pequeño.
Movida por un impulso repentino, Linko presionó el botón de encendido. Tras recibir un chispazo de estática, una pequeña fantasma salió disparada desde adentro.
"¡Wah! ¡Diablilla de mal augurio, cómo te atreves a interrumpir el descanso de este espíritu maligno! ¡Para compensar, desde hoy me perteneces y serás mi sirvienta! Je, je, je, —jum—."
Como había visto un montón de películas de terror, a Linko no se le movió ni un pelo. Simplemente levantó a la pequeña fantasma entre sus manos, como quien levanta a un gatito callejero en un día cualquiera.
"Entonces sí estabas bien. Hace un minuto, tu frecuencia casi desaparece".
"¿Eh? ¿Frecuencia? ¿Desaparecer? ¿Qué tonterías estás diciendo? ¡Solo estaba tomando una siestecita en la tele!"
"Vives en una tele… Los Tamachis también viven dentro de una pantalla, así que básicamente eres como un Tamachi… ¡Ah! ¡Entonces eres una mascota electrónica!"
"¿Eh? ¿Y qué demonios se supone que significa eso? ¿¡A quién le dices mascota!? ¡Pues que sepas que este espíritu maligno va a… mmmf."
"Sí. A partir de ahora, te llamaré Xiaozhen".
Después de aquella desconcertante negociación, Linko se llevó a la pequeña fantasma Xiaozhen… junto con su televisor.
Pero cuando salieron del Reino Anómalo, un grupo de uniformados de la Agencia de Control ya las estaba esperando en la entrada.
Lo que Linko no sabía en ese momento era que Xiaozhen llevaba mucho tiempo existiendo como una anomalía dentro del edificio de oficinas. Podía meterse en toda clase de televisores y, de vez en cuando, salía para asustar a los empleados que trabajaban hasta tarde. Pero aquel día, un criminal esper irrumpió en el edificio con intención de hacer daño. Justo cuando estaba a punto de atacar a un empleado inocente, fueron arrastrados de pronto al Reino Anómalo. Según las personas que lo vivieron, era un laberinto hecho de incontables televisores apilados. Mientras estas quedaron encerradas dentro de una sala segura, el criminal se enfrentó al fuego fantasmal que brotaba de incontables pantallas y a una fantasma gigantesca formada por aquellas llamas condensadas. La batalla en el Reino Anómalo duró lo que parecieron horas. La fuerza de la fantasma casi se había agotado y estuvo a punto de ser anulada. Sin embargo, Xiaozhen usó sus últimas fuerzas para expulsar al criminal del Reino Anómalo. Después de eso, buscó el último televisor intacto y cayó en un sueño profundo… hasta que Linko la despertó de repente.
Al final, la DTE-6 arrestó al criminal esper que terminó herido en el edificio vacío. Poco después, Linko y los empleados de la oficina reaparecieron en el interior. Por suerte, no hubo víctimas. Linko y Xiaozhen fueron investigadas por la Agencia de Control tras finalizar el incidente. Linko conoció a un joven de rostro sombrío a quien el personal uniformado parecía tratar con el mayor de los respetos.
"El Complejo Celaeno está interesado en esa fantasma".
Linko no sabía qué clase de lugar era ese, pero su instinto le decía que no podía significar nada bueno para Xiaozhen. Alcanzaba a sentir vagamente que incluso dentro de la frecuencia inmóvil y mortecina del hombre frente a ella quizás había un punto débil que podía aprovechar…
"Xiaozhen no es un espíritu malicioso. No pienso entregársela, porque…"
Firme y sin dudar, Linko apretó contra su pecho el televisor con Xiaozhen dentro.
"…es mi amiga. No quiero separarme de ella".
"…"
El joven no dijo nada más. Poco después, Linko recibió un documento: un capitán de la DTE había conseguido la autorización para que pudiera quedarse con Xiaozhen. A cambio de aceptar la supervisión y las disposiciones de la DTE, se le permitiría convertirse en la garante de Xiaozhen.
"¡Xiaozhen, Xiaozhen! ¡Ahora soy tu garante oficial!"
"¿Garante? ¿Qué significa eso?"
"No significa que sea tu ama ni tu sirvienta… eh… bueno, da igual. ¡Lo importante es que puedes quedarte conmigo!"
"…Je, je, je. ¡Entonces este espíritu maligno tendrá la gentileza de cuidar de ti, diablilla de las frecuencias!"