Información
Tras retirarse de su empleo anterior, Jiuyuan se instaló en una vida bastante relajada y ordinaria en Sterry.
Las operaciones del día a día aquí no son complicadas. Enviar y recibir paquetes, revisar recibos, pasar portapapeles para firmas… mientras el proceso esté claro y el personal sea confiable, nada de esto supone un gran desafío. Los verdaderos dolores de cabeza vienen de encargos que no pueden manejarse por un procedimiento estándar: los que involucran información, Anomalías y a los Cazanomalías que operan entre ellas. Clientes con agendas ocultas golpeando los dedos sobre el mostrador, compradores usando Anomalías como cobertura para entregas encubiertas, clientes falsificando niveles de peligro para arrastrar a Sterry a sus planes, sin contar la maraña de facciones en juego… Estos problemas aparentemente menores pero calculados son mucho más molestos que cualquier entrega de paquetes.
Pero Jiuyuan lo maneja todo con facilidad.
Un momento está entablando una charla amable con un contacto en un salón de banquetes, y al siguiente está en la escena de la transacción del objetivo, limpiando el desorden sin sudar, dejando solo el fresco aroma de rosas a su paso. Con su información y su tacto, ha tejido silenciosamente una red por las venas de esta ciudad. La mayoría de las ondas, por tenues que sean, inevitablemente llegan hasta ella.
Aunque, en lo que más destaca es en leer a las personas.
Hathor, seria hasta rozar lo terco, está asignada a operaciones críticas, encargándose de Anomalías de alto riesgo o misiones donde fallar no es una opción.
Haniel e Illica, vivaces y rápidos, son más aptos para tratar con la gente o encontrar una chispa de ingenio cuando la situación se complica.
En cuanto al gerente Jenson y lo que ha estado haciendo últimamente…
De verdad debería encontrar un mejor escondite para esa caña de pescar.
Citas públicas
"Sterry… se trata de hacer que las entregas correctas lleguen a las manos correctas". A los chicos que sueñan con salvar el mundo les encanta ese tipo de frase.
"Buen trabajo". Palabras simples y directas como esas hacen que los chicos simples y directos se sientan elogiados y motivados.
"Una persona inteligente como tú sabe tomar la decisión correcta". Al tratar con adultos complicados, una mezcla de presión y persuasión, un tono bajo y cierto ritmo pueden hacerlos más… cooperativos.
"Te ves un poco cansado. ¿Quieres hablar de eso?". Un tono suave y atento hace que cierta gente baje la guardia más fácilmente.
Por supuesto, cuando se actúa en nombre de la tienda, sin importar cuántos clientes entren, la mejor frase siempre es:
"¡Sterry Express, a tu servicio!".
Coleccionista de rosas
Una rosa violeta-azulada.
Su color queda entre un púrpura intenso y un azul ceniza, los pétalos curvándose levemente en los bordes, brillando con un lustre frío y metálico bajo la luz. Está en un jarrón de porcelana blanca y sencillo, conservada en agua clara, el tallo erguido, claramente bien cuidada. Sin embargo, los pétalos cerca de la base han empezado a marchitarse y volverse grises, como si alguna fuerza vital se hubiera ido drenando en silencio, dejándola apenas en pie.
Junto al jarrón hay varios otros regalos del pasado:
Una rosa rojo oscuro, con pétalos quebradizos como papel. Fue ofrecida una vez con una sonrisa por un invitado que alzó la copa, aunque el veneno en su vaso casi se derrama cuando sus manos se rozaron.
Una rosa con bordes dorados, las puntas de los pétalos chamuscadas por marcas de quemadura. Llegó tras un ritual susurrado, su donante afirmando ser un devoto, aunque las llamas se descontrolaron en el mismo instante en que se pronunció la oración.
Y una rosa descolorida casi hasta un gris pálido, entregada en persona por un cliente como muestra de sinceridad, aunque bajo sus pétalos se ocultaba una red de mentiras cuidadosamente tejida…
Cada una de estas flores marca el inicio de un encuentro, el testimonio de una confrontación. La información, la energía, la intención asesina oculta en ellas… ella las refina todas en balas, sigue la trayectoria del momento en que se le ofrecieron y se las devuelve en silencio a quienes las dieron.
Respuestas fuera de lo común
Jiuyuan recuperó a Hathor después de que la Agencia la llevara por perder el control de sus habilidades esper; eso requirió una amplia coordinación. La pérdida de control en sí no era lo importante. Lo que importaba era cómo manejar las consecuencias, y esa fue la primera lección que Jiuyuan, como mentora, tenía que darle.
Desde ese día, Hathor duplicó por su cuenta su régimen de entrenamiento. Sus movimientos se hicieron más rápidos, sus decisiones más precisas: cambió el cansancio por estabilidad. Su expresión seguía serena, pero su ritmo se volvió errático. Jiuyuan conocía bien ese estado: cuanto más uno se apresura por dominar un poder, más fácil es que el poder lo domine a uno. No detuvo el entrenamiento, ni le hizo advertencias sobre excederse. Algunos alumnos confunden los recordatorios con advertencias y toman la preocupación como si no estuvieran esforzándose lo suficiente. En vez de permitir que Hathor usara esos recordatorios como un nuevo estándar para exigirse más, era mejor dejarla entrenar donde Jiuyuan pudiera observarla. Vigilándola, nada saldría mal.
Pero la naturaleza del trabajo en Sterry impedía que Jiuyuan se mantuviera detrás de Hathor para siempre. ¿Cómo allanar el camino antes de soltarla? Lo que no esperaba era que la solución viniera a ella. Haniel, que había tropezado con la escena de la pérdida de control, tenía inesperadamente la capacidad de calmarla. Y, por suerte, la chica también se interesaba por el trabajo de mensajería…
Todo encajó.
La ejecución y las habilidades de combate de Hathor eran impecables, pero relacionarse con otros la dejaba algo fuera de lugar. Cuando las dos pequeñas lechuzas llegaron, Hathor las enfrentó como quien hojea un libro sin instrucciones: cautelosa, pero sin saber por dónde empezar. La atmósfera incómoda en la tienda no pasó desapercibida para Jiuyuan. En un movimiento poco habitual, le asignó a Hathor una comisión especial: esfuérzate por entender a la juventud actual e intégrate a su vida.
Al imaginar a la siempre metódica Hathor cumpliendo esa comisión, Jiuyuan, que normalmente controla sus emociones con destreza, no pudo contener una sonrisa por primera vez.
Lo que Jiuyuan siempre supo, y que Hathor aún no había comprendido, era esto: esa sinceridad obstinada de ella, casi torpe en su persistencia, era exactamente la forma correcta de conectar con ellos.
Empezaron a aparecer cambios en la vida diaria: cómics populares en su escritorio, y en sus días libres iba a los livehouses con Haniel e Illica en lugar de quedarse sola en la sala de entrenamiento. A veces, nuevas palabras que nunca había usado se colaban en sus conversaciones.
Aunque Hathor seguía preocupándose por el riesgo de perder el control, gran parte de su tensión se fue disolviendo entre las risas y la diversión cotidiana en Sterry. Después de una lección de control de Esper, Jenson, que la observaba, le soltó en broma: —La has estado guiando tanto tiempo, y ahora se está haciendo popular por "dejarse llevar" por esas dos pequeñas lechuzas. ¿Cómo se siente?
—Pensé que tu mente estaba totalmente en la pesca. Parece que no has perdido del todo el instinto de agente de inteligencia.
El tono de Hathor, plano como siempre: —¿Quieres que haga otra prueba de pérdida de control ahora mismo?
Jiuyuan miró a Jenson, que en silencio calculaba el costo de las reparaciones si Hathor decidiera perder el control a propósito, y no pudo evitar sonreír. —No hace falta. Las cosas están bien tal como están
No hay necesidad de moldear a un alumno para que dé una respuesta estándar. Ella puede convertirse en sí misma poco a poco.
Una rutina tranquila va tomando forma
La lista de compra de fin de año era, como siempre, responsabilidad de Jiuyuan. Pero este año, en cuanto a qué comprar, las cosas estaban un poco distintas. En cuanto Haniel e Illica, que se acababan de unir, oyeron lo de las compras de fin de año, insistieron en añadir una fiesta que no estaba en el plan original. Así, lo que antes era una lista ordenada y simple se convirtió en una salida para los cinco.
—¡Jiuyuan! ¡Necesitamos flores, globos, focos… y pastel!
—¡Y un standee!
—…¿Qué es un standee?
—Ya sabes, uno de esos carteles con tu foto que pones en la entrada. Hathor, ¿quieres probar?
—No será necesario… Maestra.
—¿Y los regalos? ¡Al menos debería haber regalos!
—Claro, cada uno recibirá uno.
—Jeje, ¡Jiuyuan es la mejor!
—¿Y Jenson? ¿Nos compró regalos?
—La cuenta de hoy sale a su nombre.
—¡Jenson es tan generoso!
—Entonces yo agrego unos cómics nuevos.
—¡Y el CD que no conseguí la vez pasada!
—…Está bien, cómpralo todo.
La lista fue repasada, revisada y ampliada una y otra vez.
Mientras las dos pequeñas lechuzas confirmaban cada casilla con entusiasmo frente a Jenson, Jiuyuan se quedó a un lado y dejó escapar un suave suspiro.
Un poco ruidoso, un poco caótico.
Pero en momentos como este, las cuentas pueden esperar y los planes pueden posponerse un poco.
Estos momentos… no están tan mal.
Nombre en clave: Ruiseñora
Para entonces, Jiuyuan ya no era una novata que apenas despertaba a sus habilidades esper. Aún así, se encontraba frente a la última barrera de una jerarquía implacable: debía ganarse un nombre en clave que fuera realmente suyo.
La prueba vino rápido. Fue un enfrentamiento en un callejón, con la clase de traiciones y delaciones que eran demasiado comunes en este oficio. Su escuadra se vio envuelta en una caza total. El valor de su información, su reputación en el circuito y la frenética intención del enemigo por silenciarlos empujaron al grupo hacia las sombras del callejón. Suministros cortados, fuerzas reducidas, el mundo exterior convertido en un borrón, y la noche cubriendo todas las desventajas. Lo que debía ser la cobertura perfecta del enemigo se transformó en el ritmo que Jiuyuan conocía mejor.
Sus pasos eran casi imperceptibles, y aun así hallaba a cada adversario con precisión a través de la red tejida de disparos y cuerpos. Un tenue resplandor onduló en el aire en penumbra como agua, seguido por una llamada clara y delgada. Fría e implacable, penetraba directo al alma. Quienes la oían sentían la sangre helarse al instante.
Cada vez que ese sonido rozaba un oído o rozaba un hombro, brotaba un destello de luz rosada que luego se condensaba en una bala delgada antes de hundirse en el cuerpo del objetivo. Sin explosión, sin lucha. En el instante del impacto era como si todo sonido fuera drenado, quedando solo la definitiva quietud.
Cuando la última nota, como el canto de un ave, se desvaneció al final del callejón, las profundidades callaron de nuevo.
Los miembros supervivientes se apoyaron en los muros fríos, observando cómo la figura emergía entre el humo y la oscuridad, el ritmo que había decidido la vida y la muerte aún resonando en sus oídos.
—Ese fue el único sonido en que podías confiar en la noche.
Más tarde, el campo de nombre en clave del reporte de la misión se llenó con una caligrafía prolija:
Ruiseñora.
Ella canta en la oscuridad más profunda. Su voz es el preludio de la muerte, y el amanecer para quienes sobreviven.