NTE
A★★★★Psyche#1070

Aurelia

Hikaru

DañoDPS principal

Un dato curioso sobre Hethereau, que aprendí gracias a Aurelia: pasear por las calles montado en una medusa no cuenta como infracción de tránsito.

HP10.898
ATK528
DEF667
Aurelia
Lugar habitual
Asociación de Residentes de la Calle Tamamochi
Cumpleaños
3/9
Despertares máximos
6
Arma por defecto
None

Stats máximos

Valores a nivel 80 con ascensión completa

HP

10.898

ATK

528

DEF

667

Dossier

Información

La vida de Aurelia ha sido cualquier cosa menos aburrida: cantó en un coro, armó una banda, trabajó como Cazanomalías y ahora es una oficinista aplicada. Con un currículum así, más de uno diría que su vida está un poco demasiado "al máximo" para alguien de su edad; al menos, eso es lo que los clientes habituales de la Calle Tamamochi suelen chismosear entre ellos. Claro que ese pasado tan colorido nunca le ha impedido lanzarse de cabeza a cualquier trabajo que le toque. Hoy en día, como administradora de la Calle Tamamochi, Aurelia puede nombrar sin problema a cada residente y recordar lo que le gusta y lo que no—sin importar si son chicos o grandes. Siempre es la primera en ofrecer una mano para resolver cualquier problema cotidiano con el que se encuentren los vecinos. Su entrega al trabajo hace que muchos se pregunten: ¿pero cuánto le pagará exactamente el Ayuntamiento? Después del trabajo, a veces se ve a Aurelia deambulando sola por las calles. Si te acercaras a hablarle, nueve de cada diez veces descubrirías que está totalmente perdida (y que estaría muy agradecida con cualquier buen samaritano que le indique el camino correcto)… Aunque, en ocasiones, Aurelia finge saber adónde va, aunque en el fondo nadie le cree demasiado. Al final, toda la gente de la Calle Tamamochi es amiga de Aurelia. Sin embargo, da la impresión de que no hay nadie que de verdad la entienda. En cuanto a los lugares a los que quisiera ir pero, por una razón u otra, no puede, y las palabras que desea decir pero siempre termina guardándose… quizá solo alguien que permanezca a su lado durante mucho, mucho tiempo llegue algún día a conocerlas.. Al fin y al cabo, todos guardamos un par de secretos bien escondidos en el corazón, ¿no? Hoy, una vez más, Aurelia sonríe, con la cabeza en alto, mientras avanza por la calle montada en su querida medusa, saludando con alegría a todo aquel que se cruza en su camino. Esta es la vida que eligió, pase lo que pase.

La canción que nadie recuerda

Aurelia nació en una familia estable y feliz. Sus padres se querían muchísimo, y en la casa casi siempre se respiraba paz. Ella era la pequeña adorada por la que sus padres habían rezado tanto tiempo. Su suave y hermosa pequeña flor de ciruelo. La única mancha en esa familia casi perfecta era… los horarios de trabajo de sus padres. A medida que fue creciendo, los dos avanzaron en sus carreras. El tiempo que podían pasar con Aurelia fue haciéndose cada vez más corto. Aurelia entendía que sus padres se esforzaban muchísimo para darle una vida mejor, así que sabía que no debía hacer berrinches ni comportarse como una niña consentida. Pero, de vez en cuando, al ver a niños de su edad caminando por la calle de la mano de sus padres, Aurelia no podía evitar quedarse mirando. Sabía que lo que la angustiaba era un "problema de primer mundo": nunca tuvo que preocuparse por su siguiente comida ni por un par de zapatos nuevos. Le compraban cualquier juguete que quisiera en el momento, y aunque fuera quisquillosa con la comida o se quedara despierta hasta tarde, nunca la castigaban. ¿No era suficiente con eso? Comparada con sus compañeros de clase cuyos padres eran estrictos o distantes, ella ya tenía muchísimo. No debería ser tan codiciosa y pedir más. Así que solo se quedaba mirando un instante, para luego apartar la vista rápido y dirigirse obediente hacia su casa vacía. A una edad en la que todavía no entendía bien el significado de "soledad", Aurelia ya parecía haberla experimentado. Se acostumbró a no esperar que sus padres estuvieran en casa. Sin embargo, en su cumpleaños no podía evitar ilusionarse con que tal vez fuera diferente. Paquetes de colores, un enorme oso de peluche y un pastel de cumpleaños de tres pisos le hacían compañía mientras esperaba. Siguió esperando mientras el sol se ocultaba y el cielo pasaba del azul al rosa y luego al violeta. Al poco rato, la luna ya estaba alta en el cielo, y las manecillas del reloj seguían avanzando, poco a poco. Al final, Aurelia se rindió. Encendió la vela, que casi se hundía en la crema de mantequilla, se cantó a sí misma el "Feliz cumpleaños" y luego la sopló con cuidado. Por un instante, la habitación se llenó de un brillo intenso y deslumbrante, antes de volver a quedar a oscuras. Parece que, aunque pidas un deseo, nada garantiza que se vuelva realidad. "Con una sola vez bastaría", pensó. Ojalá mamá y papá pudieran volver a casa.

La primera melodía

Aurelia se hizo amiga de Akane y Suzuha en una excursión escolar de primavera. Estaba tan hipnotizada por las medusas del acuario que, sin darse cuenta, se fue alejando del resto del grupo de su clase. Justo cuando empezó a entrar en pánico al no ver ninguna cara conocida entre la gente, Akane y Suzuha la vieron. Cada una le tomó una mano y la guiaron de vuelta al punto de reunión de la clase, y luego se sentaron a ambos lados de ella en el autobús de regreso. Desde ese momento tan vergonzoso, Akane y Suzuha se convirtieron en las mejores amigas de Aurelia. En el cumpleaños que vino después, la sala de estar de Aurelia ya no estaba vacía. Frente a la increíble montaña de regalos, dos chicas que jamás habían visto algo así se quedaron mirándola boquiabiertas. "¿Qué hacen ustedes dos escondidas por allá?" En cuanto oyeron la voz de Aurelia, Akane intentó esconder a toda prisa el pequeño regalo que llevaba en las manos detrás de su espalda. Pero Aurelia, tan observadora como siempre, la pilló al instante. "¿Eso es para mí? ¡Tiene que ser para mí, ¿verdad?!" Aurelia salió disparada hacia ella, intentando agarrar la cajita. "¡Ya tienes un montón de regalos! E‑este de verdad no es nada especial…" "¡Eso no importa!" gritó Aurelia, toda indignada. Al fin consiguió hacerse con el regalo y lo abrazó contra el pecho. "Es el primer regalo de cumpleaños que me da una amiga. Es mío, ¡y no se devuelve!" "En serio… no es nada…" La voz de Akane se fue apagando. Antes de que pudiera terminar la frase, Aurelia ya había hecho trizas el papel de regalo. De la cajita, del tamaño de la palma de la mano, rodaron unos prendedores brillantes: recuerdos de ese mismo acuario donde se habían conocido. La pequeña medusa mascota tenía una expresión tierna y lastimera que, curiosamente, se parecía mucho a Aurelia el día en que no podía dejar de llorar. Aurelia se quedó mirando, sin parpadear, los prendedores que habían rodado sobre la mesa. A su lado, Akane estaba tan avergonzada que no aguantaba quedarse ni un segundo más. Le tomó la mano a Suzuha y empezó a dirigirse hacia la puerta, pero antes de que pudieran dar siquiera un paso, Aurelia se les lanzó encima y las envolvió a las dos en un abrazo fuerte. La pequeña llorona sollozaba otra vez igual que la mascota del prendedor. "E‑esto es perfecto… ¡es lo mejor del mundo entero!" Apenas podía sacar las palabras entre lágrimas. Aunque sus padres seguían sin poder estar en ese cumpleaños en particular, Aurelia ya no se sentía sola. Suzuha encendió las velas del pastel por ella, y Akane le puso un gorro de fiesta en la cabeza. La canción de cumpleaños que le cantaron se convirtió en la melodía más hermosa que Aurelia había escuchado en su vida. Cuando sopló las velas, pidió con todas sus fuerzas poder estar siempre junto a esas amigas.

La primera nota discordante

La habilidad de Esper de Aurelia despertó cuando tenía catorce años. No recordaba muy bien qué estaba pasando en ese momento, salvo aquella vez que, mientras escribía en clase, su pluma se quedó sin tinta. Justo cuando le dio un sacudón, apareció de la nada toda una banco de medusas. Al ver eso, tanto maestros como alumnos se quedaron en blanco, con los ojos abiertos de par en par y la mandíbula por el suelo. En medio del alboroto, la más confundida de todos era Aurelia. "¿Yo… hice esto?" Probó a sacudir la mano otra vez. Las medusas imitaron a la perfección cada uno de sus movimientos. Sus compañeros gritaron, emocionadísimos: "¡Aurelia! O sea, ¿tú… acabas de volverte…?" "¡Eres una Esper!" Después de muchas pruebas, se confirmó oficialmente que Aurelia sí era una Esper. Pero, aparte de registrar su nueva condición en la Agencia de Control de Anomalías, su vida no parecía haber cambiado en nada… hasta que descubrió el precio que debía pagar por ello. Perder el sentido de la orientación convirtió a Aurelia en una extraña en su propia ciudad natal. Aunque iba y venía todos los días por la misma ruta a la escuela, una y otra vez se le olvidaba dónde estaba en cualquier punto del camino. Las tiendas a lo largo de la calle se le hacían conocidas, pero a la hora de cruzar o doblar la esquina, su mente se quedaba completamente en blanco. Desde entonces, sin importar adónde tuviera que ir, Aurelia tenía que buscar la ruta de antemano y memorizar cada detalle. Al principio, en su escuela todos pensaban que los Espers eran súper poderosos y geniales. Miraban a Aurelia con envidia y admiración. Pero resultó que la habilidad de Esper de Aurelia era bastante decepcionante. ¿En qué situación de la vida real alguien iba a necesitar invocar y controlar medusas? No servía para nada. No pasó mucho tiempo antes de que la emoción por que fuera una Esper se desinflara y se centraran, en cambio, en sus desastres diarios para orientarse. Aunque los compañeros que conocían su condición se esforzaban por cuidarla en el campus, en cuanto una tienda cambiaba el letrero o cerraban una calle por obras, Aurelia terminaba dando vueltas desesperada, preguntándole direcciones a cualquiera. Al final, Akane y Suzuha tomaron la costumbre de desviarse para ir a buscar a Aurelia y dejarla en su casa todos los días, aterradas de que anduviera perdida por las calles en plena noche. "No quiero seguir molestándolas con cosas así…", murmuró Aurelia, con la cabeza gacha. Suzuha le tomó la mano y le dio un tironcito, indicándole que tenían que doblar a la izquierda en la esquina. Caminando a su lado, Akane soltó un suspiro. Levantó la mano y le dio un golpecito en la frente a Aurelia. Ella se echó hacia atrás, exclamando: "¡Ay! ¡Eso sí dolió!" "Solo te volviste Esper, nada más. Tú sigues siendo la misma. Siempre has sido un fastidio, desde que eras chiquita." Suzuha se echó a reír a su lado. Aurelia infló las mejillas en señal de protesta: "Akane, qué mala eres…" "¿Y es mentira? E-ey, ¡no te acerques!" Al calor de las risas de sus amigas, Aurelia dejó pasar el tema. Sin embargo, aunque por fuera seguía viéndose alegre y optimista, una pequeña inquietud ya le apretaba el corazón. ¿De verdad sigo siendo la misma de antes? ¿De verdad todo puede seguir igual entre nosotras?

Aunque nos separemos, la canción perdura

Las probabilidades de que Aurelia recuperara el uso de sus piernas eran bajas, pero el doctor le explicó con delicadeza que no era del todo imposible. Si en el futuro aparecía una tecnología médica más avanzada, o si se encontraba con un Esper con un poder de sanación extraordinario… En cualquier caso, la posibilidad no era cero. En los descansos de su rehabilitación, abría Bagel y se quedaba mirando el pequeño chat grupal de ella, Akane y Suzuha. Hacía muchísimo tiempo que ninguna había mandado un solo mensaje ahí. Muchas veces, Aurelia llegó a escribir algo, solo para borrarlo después. ¿Qué se suponía que tenía que decirles? Después de innumerables ratos dándole vueltas al teléfono, Aurelia tomó una decisión: cuando se recuperara un poco más, lo suficiente como para que le dieran el alta y pudiera cuidarse sola, iría a ver a sus amigas en persona y las sorprendería. Tenía infinitas cosas que quería contarles. Sin embargo, aunque pasó el tiempo, sus piernas seguían sin mejorar. Había aprendido a dejar de considerar la "recuperación" como su única esperanza. Aun así, con la ayuda de su Habilidad esper, su vida fue volviendo poco a poco a algo parecido a la normalidad. Aunque ya no pudiera tocar la batería como antes, a Aurelia no le daba demasiadas vueltas. Con solo un poco más de esfuerzo, el día de su reencuentro con Akane y Suzuha no estaría tan lejos. De repente, su celular vibró con un tono especial: el que había puesto solo para los mensajes de Akane. Aurelia se lanzó a agarrarlo, casi dejándolo caer en el intento. Pero las palabras que aparecieron en la pantalla al abrir la ventana del chat eran algo que jamás habría imaginado: "Suzuha se va. Para cuando me escribió, su auto ya se había ido…". …¿Eh? Por un momento, Aurelia no logró entender el significado de esas palabras, como si no fueran más que una hilera de símbolos sin sentido. ¿Qué quería decir Akane con “se va”? ¿Por qué diría eso? Le temblaban tanto los dedos que apenas podía escribir una respuesta, y una avalancha de preguntas le pesaba en la punta de la lengua. "¿A dónde se va Suzuha?" Se iba a algún lugar sin ellas. Suzuha ya no se quedaría con ellas. Aurelia… lo entendió. Suzuha era una chica sensible y atenta. Si seguía viviendo en Hethereau, una ciudad llena de recuerdos de su amistad, solo volvería a abrir heridas cerradas. Aurelia lo sabía, así que no hacía falta preguntar. "¿Y qué va a pasar con “Líneas”?" En el fondo, ella también sabía la respuesta. Incluso si Suzuha se quedaba, sin Aurelia como baterista, la banda solo tenía dos caminos por delante: tomarse una pausa indefinida o disolverse. Claro, podía sugerir algo como "busquen a otra baterista", pero no era capaz de decirlo. "Líneas" había nacido del deseo egoísta de Aurelia y existía por y para las tres. Si una de ellas se iba, ¿qué sentido tenía la cáscara vacía que quedara atrás? "¿Y tú?" Aunque le temblaban los dedos, escribió esas tres palabras. En la ventana del chat, la burbuja de "alguien está escribiendo…" parpadeó durante muchísimo tiempo. Akane, que siempre decía lo que pensaba sin rodeos, debía de estar buscando desesperadamente las palabras, igual que Aurelia lo había hecho antes. Akane, tan directa y abierta, había sido llevada más allá de su límite. Si Aurelia no hubiera tenido tanto miedo de que la despreciaran o de que la abandonaran, no fuera por su falta de valor… Si no hubiera sido… ella… Le pareció que pasaban miles de años antes de que por fin apareciera un mensaje nuevo en la pantalla: "No lo sé. Lo siento." Aurelia sintió que empezaba a temblar. Las palabras frente a ella se deshacían como pintura en el agua. ¿Por qué? No se separen. ¿No se suponía que estaríamos juntas para siempre? Akane ama tanto cantar… Debería estar siempre sobre un escenario. Había tantas cosas que Aurelia quería decir, pero ya no sentía que tuviera derecho a hacerlo. La que puso fin a "Líneas", la que obligó a Suzuha a dejar su ciudad natal, la que hizo que Akane no pudiera volver a cantar jamás… no fue el destino. Fue ella misma. Y aun así, pese a todo, todavía había algo que quería transmitirle. Aunque el daño ya estuviera hecho, aunque fuera demasiado tarde… "Me encanta tu música, Akane. Por favor, aunque ahora sientas que quieres dejarlo, sigue con ella en el futuro." "Te lo prometo, voy a estar esperándote, vayas adonde vayas."

Ecos del pasado

Lejos del escenario y de todo tipo de Encargos de anomalía, Aurelia se encontró sin mucho que hacer. El hilo que siempre la había impulsado hacia adelante se rompió de golpe. De un momento a otro, Aurelia perdió el rumbo. Antes solía pensar en el futuro: "Líneas" se convertiría en la banda más experta en lidiar con Anomalías y la mejor en cuanto a música entre todas las organizaciones de Cazanomalías… Saldrían de Hethereau, saldrían giras y se convertirían leyendas. Cuando se trataba de imaginar el futuro, no existían límites. Pero ahora… ya nada parecía importar. Para matar el aburrimiento en el hospital, Aurelia empezó a ayudarle con papeleo a una anciana atareada que estaba en la misma sala que ella. Antes de que le dieran el alta, la mujer le hizo una propuesta: ¿por qué no sigues ayudándome en mi negocio? …No sonaba como una mala idea. Al fin y al cabo, tampoco tenía ningún otro lugar al que ir. Como estuviera despidiéndose de todo lo que conocía, Aurelia comenzó una vida completamente nueva en la Calle Tamamochi. No muy lejos de Señal Estelar, se volvió una simple empleada de oficina a medio tiempo. La calle en sí estaba llena de vida, con gente yendo y viniendo sin parar. Ella sabía que alguna vez había sido parte de la banda "Líneas", pero la mayoría de los vecinos no sabía absolutamente nada sobre ella. Para la Aurelia de ahora, nada de eso importaba demasiado. Los adultos valoraban lo profesional que era, mientras que los niños pensaban que verla pasearse sobre medusas era lo más genial del mundo. Sin darse cuenta, todos empezaron a llamarla "hermanita Aurelia" o "hermana mayor Aurelia". Sólo de vez en cuando reunía el valor para desviarse después del trabajo y pasar por Señal Estelar. Pero, cuando llegaba a las escaleras que antes bajaba dando brincos de pura emoción, se daba cuenta de que su medusa era demasiado grande para pasar por aquella escalera larga y estrecha. La puerta hacia el pasado se había cerrado para siempre y ella ya no podía regresar. Las palabras que nunca dijo y las lágrimas que nunca derramó eran todo lo que quedaba en su corazón. Deseaba con toda el alma volver a ver a Akane y a Suzuha. Escuchar la canción de Akane y ver la sonrisa de Suzuha… pero sentía que, si alguna vez decía eso en voz alta, ese pequeño deseo se deformaría y se convertiría en una especie de maldición. Al menos, se permitiría ir siempre Noche de Moondog, un Reino Anómalo lo bastante vasto como para contener todas las canciones y todos los sueños del mundo… o por lo menos lo bastante grande para alojar a una medusa. Cada vez que iba, repasaba la lista de canciones buscando nombres conocidos, sólo para llevarse otra decepción más. Pero, pasara lo que pasara, Aurelia creía que algún día, esa niña que había nacido para la música volvería.