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De todos los "Detectives de Anomalías de Eibon", la mayoría dice que es el que más encaja con el título de "detective". Edgar nunca lo confirma ni lo niega… Probablemente porque explicarlo sería muy, pero muy molesto.
Al fin y al cabo, también le dicen cosas como "Trío As de Eibon", "La joven promesa más brillante de Cazapp", "Top 3 de Cazanomalías de Puentes Cruzados", y un montón más de apodos rimbombantes que Nanally, Sakiri y Taygedo (y a veces Kiroumaru también) se inventan como si nada.
Aunque todavía tiene cara de niño, es muy maduro para su edad; casi anticuado, seguramente porque los otros dos son tan impulsivos que siempre le toca a Edgar inclinarse y dar las gracias. La mayoría de las veces, es él quien se disculpa… y el que termina pagando la cuenta.
Por supuesto, las principales responsabilidades de Edgar son reunir información y planear las operaciones. Con respecto a cuántas veces se han seguido esos planes… bueno, mientras el resultado salga bien, ¿a quién le importa? Edgar terminó adoptando por completo esta filosofía; aunque eso no le impide prepararlo todo con cuidado cada vez y tener un Plan B listo para cualquier situación inesperada que pueda (o mejor dicho, que definitivamente va a) ocurrir.
Taygedo suele ver partir a los tres jóvenes Cazanomalías y suspira con falsa profundidad: "¡El Edgar del futuro va a ser igualito a Adler!"
De tal madre, tal hijo.
Dicen que olvidar es parte del crecer. La mayoría de los adultos solo recuerdan fragmentos borrosos de su infancia, como si los vieran a través de un filtro suave que hace imposible distinguir los detalles.
Edgar es distinto. Si se esfuerza, puede recordar cada uno de sus días con absoluta claridad.
El día en que su familia descubrió la habilidad esper de Edgar fue así:
Era una tarde cualquiera, igual que cualquier otro día de cuando Edgar tenía tres años. Sus padres acababan de volver del trabajo y disfrutaban del momento en familia alrededor de la mesa. Platos ligeros y deliciosos, acompañados de las pequeñas historias de anomalías que contaba papá, creaban el ambiente acogedor perfecto.
Los dos padres de Edgar eran oficinistas del Tribunal de Yggash, encargados de redactar y mantener los perfiles de anomalías, así que papá siempre tenía historias de sobra para contar. Eran pequeños relatos adaptados de los perfiles de anomalía públicos que escribía durante su jornada laboral.
Pero el pequeño Edgar todavía no sabía nada de eso. Cada vez que papá se emocionaba contando historias en la mesa y bajaba la mirada, veía los ojos brillantes y chispeantes de su hijo adorado mirándolo desde abajo…
Ser venerado por su hijo como el "Rey de los Cuentos" hacía que todas esas horas extra valieran la pena.
"Qué extraño… Suena distinto a lo que papá escribió en los archivos. ¿Cuál es la versión verdadera?".
Desde el momento en que Edgar hizo esa pregunta tan seria, algo cambió para siempre. El padre de Edgar probablemente recordaría ese instante el resto de su vida. Pero enseguida se concentró en algo mucho más urgente: ¿cómo sabía Edgar de los perfiles de anomalías que él acababa de archivar?
¿Cuándo se escapó su hijo por la ventana para correr hasta el Tribunal de Yggash a leer los archivos? ¿Un niño tan pequeño tenía siquiera permiso para acceder a esos documentos?
Durante la siguiente media hora, mamá y papá por fin entendieron lo que estaba pasando: Edgar solo tenía que centrar su imaginación (y ellos dos también tuvieron que estirarla bastante para poder imaginarlo) para conectarse con varias bibliotecas, incluido el archivo del Tribunal de Yggash. Seguramente Edgar sentía demasiada curiosidad por lo que había escrito papá y no pudo evitar pensar en el nombre de su padre… Uno por uno, los perfiles de anomalías con la firma del padre de Edgar fueron apareciendo en la mente del niño…
Por cierto, Edgar ya había descubierto esta habilidad desde hacía mucho. Seguramente era innata, ¿no? Solo que, al principio, todavía no leía muy bien y no entendía todos esos símbolos apretadas sobre el papel blanco…
Es muy probable que Edgar ya se hubiera leído los primeros archivos de trabajo de su padre, de cuando su estilo de escritura todavía era bastante inmaduro. Su "historia oscura" había quedado completamente al descubierto ante su hijo. Con esa idea clavada en la cabeza, el padre de Edgar decidió huir a la cocina a lavar los platos, planeando estudiar con calma más tarde la Habilidad esper de su hijo.
"Este niño sí que salió a mí. La noche de nuestra primera cita, yo también leí todos tus documentos de principio a fin".
Su esposa tampoco se lo dejó pasar tan fácilmente.
¿En qué quiere convertirse Edgar?
Un niño prodigio; el "chico de oro"; "el muchacho besado por el dios de la sabiduría".
El día que Edgar volvió de la Academia Lamplight, tías, tíos, vecinos y sus hijos se amontonaron en masa para felicitarlo, casi tirando abajo la puerta de su casa. Ya fuera por curiosidad, para ver qué tenía de especial ese supuesto "hijo del vecino al que deberían parecerse", o como niños resignados arrastrados por padres que insistían en que "aprendan de su ejemplo", todos terminaron llegando a la misma conclusión:
La verdad, no parecía nada del otro mundo.
Mientras tanto, Edgar estaba rodeado de adultos, completamente abrumado. Simplemente no podía seguirles el ritmo a todas esas voces que se pisaban entre sí. Mientras se hablaban por encima, el futuro de Edgar se volvía clarísimo… al menos en sus cabezas: se convertiría de inmediato en investigador estrella del Laboratorio Zerogon, nueva promesa del Tribunal de Yggash, futuro director de la Agencia de Control de Anomalías. La oferta de trabajo del Banco Pink Paws también valía la pena considerarla. Con las capacidades de Edgar, ¿cómo no iba a acabar en la junta directiva del PPB? Y, por supuesto, llegado el momento, no debía olvidarse de echarle una mano al chico que vivía en diagonal frente a su casa, ese cuyas calificaciones apenas alcanzaban el mínimo en todas las materias…
Al ir enumerando y acomodando para él todos esos futuros brillantes, los adultos se habían perdido por completo en sus propias fantasías. Era como si Edgar fuera su propio hijo, encargado de cumplir todos los sueños que ellos mismos no habían podido lograr…
Edgar miró alrededor sin saber qué hacer, incapaz de entrar en ninguna conversación. Estaba tan nervioso que se subió la bufanda hasta arriba, deseando poder esconderse por completo dentro de ella. Por suerte, justo en ese momento, su padre se abrió paso entre la multitud y le dio una palmada en el hombro: "¿Tú qué quieres ser cuando seas grande, Edgar?"
Animado por la mirada de su padre, Edgar dijo en voz baja:
"Yo… yo solo quiero ser Edgar."
El mundo más allá del hueco del árbol
Punto uno: a Edgar le gustan mucho las Anomalías.
Punto dos: la mente de Edgar es bastante aguda.
Punto tres: Edgar puede acceder a los expedientes de Anomalías con mucha facilidad.
Por lo tanto, según Edgar, estaría muy bien que él trabajara en el archivo del Tribunal de Yggash, igual que mamá y papá, ordenando documentos y estudiando todo lo relacionado con las Anomalías hasta el día de su muerte.
La madre de Edgar tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltar una carcajada ante el razonamiento de su hijo; no porque la conclusión fuera absurda o ridícula, sino todo lo contrario. La lógica estaba clara y el razonamiento era sólido, casi sin dejar margen para decir que no.
Pero mandar ya a Edgar a vivir al hueco del árbol del Tribunal de Yggash, ponerle unos lentes gruesos como fondos de botella y verlo enterrado entre montones de archivos seguía siendo un poco… prematuro. Mamá entendía los deseos de su hijo, pero… ¿no sería mejor que Edgar comprobara en persona todos esos detalles maravillosos, en lugar de aprender sobre las Anomalías solo a partir de los informes de otras personas? ¿Quién sabe qué Anomalías podrían estar esperando a la vuelta de la esquina? ¿Cuántas características desconocidas de las Anomalías siguen pendientes de descubrir?
Edgar escuchó con mucha seriedad.
Probablemente también había heredado el espíritu aventurero de su madre. Lo que empezó como una promesa algo tonta quedó sellado con un juramento de meñique. Mamá tomó la mano de Edgar y, con los ojos vendados, lanzó un dardo al mapa. La suerte —o quizá el destino— decidió la aventura de Edgar: su primer viaje tras graduarse lo llevaría a Hethereau.
Siempre curioso, siempre buscando conocimiento, siempre dispuesto a intentarlo.
El anuncio de trabajo fatídico
De pie en la bulliciosa esquina de la calle, Edgar no tenía idea de adónde se suponía que debía ir. Por más que pensó durante mucho, muchísimo rato, seguía igual de perdido, igual de confundido.
Renunció a trazar rutas, a los mapas y a la navegación. Siguiendo el consejo de su madre, ahora estaba "dejando que el viento lo guiara" por Hethereau. Según ella, los encuentros con el destino suelen llegar justo cuando menos los esperas.
Sin destino fijo y sin la menor pista de qué dirección tomar, ¿de verdad podía encontrar así su "destino"? Edgar no lograba entender una forma de actuar tan improvisada; la indecisión lo dejaba paralizado. En vez de eso, compró una pequeña bolsa de alimento a un vendedor ambulante y se agachó junto a la fuente para alimentar a las palomas.
Más tarde, cuando Edgar volvió a pensar en ese día, sintió que había empezado a entender, aunque fuera un poco, lo que su madre quería decir con "destino".
Mientras sentía los picoteos de las palomas en la palma de su mano y veía cómo el cielo se iba volviendo de un naranja cálido, con nubes doradas deslizándose hacia el horizonte aún azul, una ráfaga de viento le pegó de lleno en la cara. Con ella llegó un cartel de reclutamiento con la letra chueca y el dibujo de alguna criatura con cabeza de tele.
"Tienda de Antigüedades de Eibon".
Se puso de pie, miró a su alrededor y siguió los letreros de la calle hasta la Calle Hankaku.
Los corazones encontrarán su camino
A pesar de la barrera del idioma, entender a Taygedo no fue difícil. Combinando el tono y la frecuencia de "Tayge Taige", su expresión y su característico lenguaje corporal, Edgar comprendió: "¡Bienvenido! ¡Nuevo amigo!". El Diario de Observación de Fenómenos Extraños comenzó oficialmente un nuevo capítulo, con la maravillosa nutria marina con cabeza de televisor como protagonista. Claro que las observaciones de Edgar no eran tan formales como las de sus padres; simplemente anotaba las pequeñas costumbres, peculiaridades, metas vitales de Taygedo… y muchos otros momentos cotidianos que pasaba con él. Este cuaderno, tan bonito y ordenado, se llenó mucho más rápido de lo que Edgar había imaginado. Quizás fue porque, a partir de una hoja en particular, una página entera estaba cubierta de selfies de Taygedo, con su huella incluida. Otra página estaba llena de anotaciones con rotulador fluorescente: "¡Oye, Taygedo! ¡Me robaste el pudín!". Varias páginas más presentaban sospechosas manchas de agua (mejor no darle muchas vueltas al tipo de líquido), justo después de "¿Deberíamos escribir también sobre Kiroumaru? Ya he accedido en su nombre". Hay que admitir que Edgar no era muy bueno expresándose. Pero la comprensión no requiere necesariamente de palabras… Edgar pensó en esto sin motivo aparente mientras estaba tumbado en la azotea con Nanally, Sakiri y Taygedo, mirando las estrellas. Sin embargo, las palabras podrían acelerar las cosas —añadió Edgar para sí mismo tras un largo rato de gestos y de seguir mirándose fijamente con Taygedo.